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que frente a cuatro testigos acaba de fallecer, a los ochenta y tres años le ha llegado el castigo, que merecemos los vivos por el hecho de nacer. En su cara amarillenta, consumida por el cáncer aletea algún fantasma de su sonrisa más triste, de sus llantos más amargos, de sus burlas y sus chistes de sus tiempos de asesino, de su vida como gángster. Sus manos yacen cruzadas, esas manos que hace años ahogaron con almohadas, a un inválido en un baño esas manos bienamadas que no hicieron casi daño (nunca una vida es perfecta, UN defecto no es extraño) Su rostro bueno y amable, de beatitud deslumbrante, Me trae dulces recuerdos de las épocas de antes, cuando él iba a vender droga a los jardines de infantes; o cuando con una soga, ahorcó a sus dos amantes. Un hombre que supo vivir una vida muy cristiana excepto cuando tuvo que violar a tres ancianas por culpa del alcohol que bebía cada mañana para olvidar los horrores de esta sociedad profana. Un hombre tan ejemplar, que a un padre se asemeja; Que gracias a su dinero jamás estuvo entre rejas; Que a pesar de sus abusos, adoraba a su pareja; Que una enseñanza tan grande de amor y bondad nos deja: Una vida humilde y justa; un cuento con moraleja. Dedicado a mi querido tío bisabuelo Santino, fallecido hace tres días. Nadie es perfecto. Pero el Nono Santino se acercó a la perfección tanto como lo hace una asíntota vertical al eje y cuando éste tiene un valor infinito. Un valor infinito. Como tenía mi Nono. |